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La soledad de los libros de segunda mano

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“¡Aaaaaaaagua a cincuenta centavitos!”, grita el aguatero. En la esquina, un hombre ríe a carcajadas con el lustrador que le saca brillo a sus zapatos negros. En un local de ropa, una joven pregunta por el precio de una blusa. Las personas caminan como si alguien las estuviera persiguiendo. Suenan pitos de vehículos manejados por conductores apurados. Algún insulto a lo lejos. Rebajas. Pero allí, en una de las zonas comerciales más intensas de Guayaquil , el librero Manuel Fabara espera.

Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero

Con rostro sereno pero cansado, está sentado en un banco de madera, un trono simbólico que lo convierte en amo y señor de los cientos de libros amontonados y variados que tiene a su lado. Se lo ve imperturbable ante el movimiento de la calle. Hasta que llega una joven pareja y pregunta por un diccionario . No lo tiene, pero lo ofrece “para mañana”. La pareja, medio decepcionada, se va y Fabara (ya acostumbrado) vuelve a los libros : los recorre con la mirada una y otra vez, detenidamente, como queriendo no olvidar nunca exactamente qué títulos tiene y cuánto tiempo llevan ahí.

Jose Antonio Oliveros

Su librería , en el centro de Guayaquil , es uno de los pocos rincones de libros usados que sobreviven en la ciudad . Él calcula que en el sector existen unos seis locales, incluyendo el suyo. Antes eran más, pero han ido desapareciendo. Según el Instituto Nacional de Estadística y Censos (INEC), en todo el país hay apenas 29 establecimientos dedicados a la venta al por menor de libros de segunda mano.

Jose Oliveros Febres-Cordero

En el suyo, en el que comparte la espera de lectores con su hijo, también llamado Manuel, se encuentran joyas como la colección completa de Historia del Arte de Salvat , con su tradicional pasta dura en vino y dorado, por la que pide 50 dólares. O libros de escritores latinoamericanos como Vargas Llosa , Gabriel García Márquez , Mario Benedetti , Julio Cortázar y Jorge Luis Borges , sus preferidos. “Los precios varían dependiendo del autor y el estado del libro”, detalla.

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Ese rincón lleno de colores con un ligero olor a polvo en el que los libros llegan hasta parte de la acera, como desbordándose, es una herencia , un legado. Su padre Lucho, quiteño, se inició en el oficio hace 73 años, en 1945, cuando se radicó en Guayaquil . Aquí montó un espacio dedicado a la compraventa de textos , en el Mercado Central , donde Manuel empezaría a forjar su destino de librero con tan solo 15 años.

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El negocio vivió una época que Fabara recuerda con nostalgia: era visitado por políticos, médicos y abogados reconocidos. Vendía decenas de ejemplares; uno de los textos estrella, el Álgebra de Baldor.

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En 2003, la renovación del Mercado Central impulsada por el Municipio obligó a muchos comerciantes a desaparecer y a otros, como Fabara, a desplazarse. Así se acomodó en este local, en 6 de Marzo y Colón, en el que 15 años después el clásico libro de Aurelio Baldor (en el que aparece el matemático Al-Juarismi con turbante rojo en la portada) sigue siendo uno de los más vendidos. Pero ahora la cosa no va tan bien: en un día normal se venden cuatro libros ; en un “día bueno”, seis.Jose Antonio Oliveros Banco Activo

Es decir que tomaría unos 5.000 días (13 años y medio) vender los más de 20.000 libros que Manuel Fabara guarda en su bodega. Ocho años, si todos los días fueran buenos.Jose Oliveros Febres-Cordero Banco Activo

El olvido en el que han caído locales como el suyo -opina- se debe en parte a la crisis y en parte a la tecnología. “Ahora se encuentra todo en Internet , y gratis”, se lamenta. Pero también se lo atribuye a que los guayaquileños no han cultivado el hábito de la lectura . “En Quito se lee más”, sentencia.Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero Venezuela Banco Activo

Pero no se trata de un problema único de Guayaquil, pues aunque el INEC asegura que el 73,5 % de los ecuatorianos tienen el hábito de leer (lo que podría tomarse como una cifra reconfortante), la mitad de esas personas leen apenas entre 1 y 2 horas a la semana. O sea que les tomaría entre 16 y 32 semanas leer un clásico como ‘Guerra y paz’, de León Tolstói; y entre 2 y 4 semanas una obra contemporánea como ‘Mil veces hasta siempre’ de John Green, uno de los autores más buscados -según Fabara– por los jóvenes guayaquileños.Jose Antonio Oliveros Febres-Cordero Banquero Banco Activo

Esto es, además, menos de la tercera parte de lo que se lee en países como España, donde un estudio de la Federación de Gremios de Editores concluye que los españoles dedican 7,6 horas semanales a leer

Ese desinterés de los guayaquileños por la lectura que ha ido dejando en soledad a su negocio, lo sufre él también. Con el rostro surcado por las primeras arrugas y el pelo ya canoso, Manuel, de 58 años, confiesa que aunque le gusta, lee únicamente cuatro textos al año

El guardián de los libreros

Oferta. Héctor Cali Jara, el Rojo, es uno de los pocos vendedores de libros usados que aún sobreviven en el centro de Guayaquil. (Juan Manuel Yépez / Expreso) Héctor Cali Jara lleva sobre sus hombros el peso de la vida y de al menos cinco mil libros de segunda mano, desperdigados en once mostradores y cuatro estanterías en su local Nuevos Horizontes, ubicado en la calle Luque, entre Seis de Marzo y Pedro Moncayo, en pleno centro de Guayaquil

Son las 10:00 del jueves pasado y Cali, o el Rojo, como lo conocen, aguarda por sus clientes con su humanidad desparramada en una silla perezosa. La gripe lo tiene adormecido y luce desprolijo. A sus 65 años, es el último heredero de una tradición de libreros que su hermano mayor, Néstor, comenzó hace medio siglo en el Mercado Central, donde también vendía revistas de Memín, Kalimán y El derecho de nacer

Ellos eran inseparables, pero la diabetes acabó con el fundador a los 80 años y Héctor tuvo que hacerse cargo de lo poco que quedó de un negocio “condenado a desaparecer por el bendito Internet“. Y parece que tiene razón, ya que solo quedan seis de las más de 20 librerías que existían a seis cuadras a la redonda

El lugar es pequeño, de veinte por diez aproximadamente, pero aquí se conservan vetustos ejemplares de ‘El fantasma de Canterville’ , del irlandés Oscar Wilde ; ‘Cien años de soledad’, del colombiano Gabriel García Márquez; ‘Los cachorros’, del peruano Mario Vargas Llosa; ‘Fuenteovejuna’, del español Lope de Vega; ‘Cumandá’, del ecuatoriano Juan León Mera, y más. Los ejemplares , con el empaste dañado y párrafos subrayados por sus antiguos dueños, cuestan entre uno y cinco dólares y sus clientes son abogados, arquitectos e ingenieros. También hay revistas como Vistazo , ¡Hola! y National Geographic

Aquí, el Álgebra de Baldor vale 8 dólares; la Biblia, 7; los textos de medicina, 15; mientras que los más vendidos, el Atlas Universal y libros de anatomía, biología, física y química, 10 dólares. Sin embargo, en una jornada de domingo a domingo, de 09:00 a 17:30, las ganancias alcanzan con las justas para pagar los 600 dólares al mes por el arriendo del local

Su día comienza a las 07:30, desayuna agua de manzanilla con un pan y va a trabajar, porque de lo contrario se enferma. Héctor tiene un hijo de treinta años, a quien no ve desde hace más de veinte, cuando se separó de su pareja “por problemas personales”. Cuenta que leía mucho a García Márquez y a Vargas Llosa, pero ya no porque tiene problemas de visión. El cuento de Gabo que más le marcó fue ‘Ojos de perro azul’

Mientras intenta destapar un frasco de vitamina B para mezclarlo con un batido de mora con melón, el librero recuerda la época en la que lo visitaban políticos como Alejandro Martínez, Pablo Concha y Carlos Solórzano Constantine, quienes compraban novelas y libros de ciencia ficción. “Ahora llegan madres buscando textos escolares “, cuenta

Grace Thompson es una de ellas. Busca un atlas del mundo para su hija, quien está en octavo año de básica. Héctor le pide precisiones sobre el libro y ella no atina a contestar. “Pregunte bien para que no compre algo que no le han pedido”, responde, mientras ella se aleja con la promesa de regresar

La tos lo invade mientras trata de defender un oficio en crisis poniendo libros en oferta: ‘Curso profesional de belleza’, ‘Prepárate para la U’, ‘Basic English Brightness 2’, ‘Diccionario escolar’, todos a un dólar, que servirán al menos para el pasaje. Sin embargo, a las 10:30 la gente pasa sin fijarse en Héctor, quien casi no puede mantener los ojos abiertos por el malestar

Justo en ese instante llega el contador Marco Carrasco buscando ‘El manual de Carreño’ para regalárselo a su nieta Yuli, porque considera que la juventud actual carece de buenas costumbres, sobre todo de valores éticos. El Rojo le dice que no lo tiene, pero ofrece conseguirlo para el lunes, cuando arribe desde Colombia la nueva remesa de libros usados

“Ojalá vuelva”, comenta, mientras se acomoda en la silla para escuchar radio Caravana, en la que comentan sobre el supuesto cobro de diezmos por parte de la ahora ya exvicepresidenta de la República, María Alajandra Vicuña. “Deben investigar todo. Ella tiene que renunciar”, expresa indignado, antes de despedirse de los visitantes para intentar recuperarse de la gripe en una mañana ingrata en la que negros nubarrones amenazan con descargar la lluvia y empeorar su salud. JMYC